http://www.ferrerguardia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=118%3Aidees-clau-de-linforme-ferrer-i-guardia-2011&catid=39%3Aactualitat&Itemid=1〈=es

El Informe Ferrer i Guàrdia, anuario de la Laicidad en España 2011 es una investigación sobre lo que ha ocurrido en España en torno a la libertad de conciencia y la laicidad. Un análisis de sentencias, nuevas legislaciones, sondeos de opinión, datos estadísticos y noticias del ámbito local, autonómico y estatal.

Published in Links

La Fundación Ferrer Guardia se complace en invitarles a las presentaciones del Informe Ferrer i Guàrdia. Anuario de la laicidad en España 2011, que tendrán lugar en Madrid y en Barcelona.

 Presentación del Informe Ferrer i Guàrdia. Anuario de la laicidad en España, 2011.

Published in Activities
Tuesday, 17 May 2011 11:43

Religión y violencia

El monoteísmo, eje configurador de las religiones del Libro, se basa en una paradoja: en su aspiración de encontrar a un Dios único universal, promueve el enfrentamiento entre cada uno de los dioses y aspira a substituir a los demás para ser, de verdad, único. Hablamos de un Dios cruel, arbitrario y vengador, que será quien gane el concurso de las ideas religiosas para erigirse en el inspirador de historias terribles que no han hecho más que reproducirse una y otra vez en las interminables guerras de religión, convertidas en uno de los jinetes del Apocalipsis de la Humanidad.

Los monoteísmos del Libro no pueden hacer gala de su ‘prestigio’ en la erradicación de la violencia, ni en la generalización del respeto por los derechos humanos. La Europa medieval devolvió a los pueblos a la ignorancia, la superstición y el menosprecio del Derecho, propios de tiempos anteriores. Salvo en algunos espacios de tolerancia creativa, como fue la Escuela de Traductores de Toledo, quienes impulsaron el combate entre los monoteísmos ayer, en muchos lugares del mundo, no han renunciado a hacerlo hoy: entre los ejemplos encontramos acciones como la prohibición de los minaretes en Suiza o los atentados contra los coptos en Egipto. Ambos hechos actuales no dejan de ser la herencia de ese enfrentamiento entre las religiones por la conquista de un territorio propio. Ésta es quizás una de las ideas centrales de los monoteísmos: la religión tiende a ser más agresiva, intervencionista y autoritaria cuanto más exclusiva y excluyente es dentro de una determinada porción de la Tierra. Esto explica que las manifestaciones más interesantes de apertura y de tolerancia religiosa se produzcan en países caracterizados por el pluralismo.

La superación de la violencia como elemento configurador de la religión es, todavía, uno de los grandes retos del presente. La religión arrastra algunos conceptos intrínsecamente ligados a la violencia: uno de ellos es la misoginia, que en las corrientes principales de las religiones del Libro considera a la mujer como un ser impuro, obligándolas a ocupar un lugar separado en el templo o incluso en el transporte público. Otro ejemplo lo encontramos en la homofobia, que segrega de la comunidad a las opciones que se apartan de la heterosexualidad. También podemos citar la excomunión de herejes, los disidentes y hasta la condena penal de los apóstatas, mientras perviven las llamadas a la evangelización, por un lado, y a la guerra santa, por otro.

Hay demasiadas hogueras en la historia de las religiones del Libro. Y también demasiada condescendencia con la violencia interior: pensemos en la represión de las conductas dentro de la comunidad; la tortura o la autolesión en los conventos o fuera de ellos, incluso en medio de la calle; la pederastia y los abusos cometidos con menores; la esclavitud como regla de comportamiento en algunas instituciones religiosas, antes y después del Concilio Vaticano II; la reclusión de la mujer tras telas que la hacen invisible; la policía de las buenas costumbres, ayer y hoy, en la España de Franco,…y en tantos otros lugares nada lejanos, diríase, incluso, que sorprendentemente próximos. Encontramos nuevos ejemplos en los barrios segregados bajo la tutela de los imanes o de los militantes ultra ortodoxos.

La identificación entre religión y violencia sólo empieza a rectificarse con la aparición de las manifestaciones de la espiritualidad liberal: en la Inglaterra del siglo XVII, en la Nueva Inglaterra del siglo XVIII y también en la Europa continental del siglo XIX. Fue gracias a autores como Ralph Waldo Emerson, David Henry Thoreau o Mark Twain, entre muchos otros, cuando la religión se dignifica y se hace humana: ellos nos enseñaron a vivirla como una forma de elevarnos por encima de la miseria cotidiana para buscar la belleza. Ésta fue la tarea en Europa de Karl Krause o de Francisco Giner de los Ríos, por citar sólo dos ejemplos muy conocidos en España. La violencia se desvanece porque es barrida por el amor. La religión–amor de quienes buscan la trascendencia con sus propias fuerzas se contrapone a la violencia de las jerarquías, empeñadas en mantener su poder. Hay una contradicción insalvable entre el Dios que el ser humano puede hallar en el interior de sí mismo y el Dios que le venden los charlatanes profesionales desde los púlpitos o desde las televisiones.

La violencia desaparece cuando la religión deja de ser un imperio destinado a la sujeción de sus súbditos: es entonces cuando deviene en una religión “civil”, capaz de ofrecer lo mejor de sí misma a la sociedad y de contribuir a la construcción de una ética civil compartida. Éste es el dilema, la paradoja de la religión: debe elegir entre el papel secundario de contribuir a crear una sociedad democrática en torno a un consenso social construido desde el respeto a la libertad, u optar por ser un protagonista social, encastillada en la nostalgia, el mantenimiento o la recuperación de un poder absoluto. Si la religión escoge la segunda opción, puede dar por perdida la batalla por la civilización y el humanismo, con lo que cobra relevancia sólo en el interior de las almas.

La religión “civil” a la que nos referimos es ecuménica, abierta, tolerante, respetuosa de los valores modernos constitucionales y, en cierto modo, universal. Se caracteriza por su respeto hacia las demás manifestaciones religiosas o filosóficas nacidas de una búsqueda honesta de la verdad. En la religión “civil” o “liberal” que describimos no hay ya lugar para la discriminación, para la guerra o para la violencia.

Las religiones han ejercido otras formas de violencia cuyas víctimas son gran parte de los ciudadanos del mundo. Muchas veces no se tiene en cuenta esa violencia “invisible”, pero opera con una fuerza más destructiva de lo que imaginamos. Éstas podrían ser algunas de las formas en que se aprecia su fuerza:

1) La violencia sobre las conciencias; es decir, en la intimidad de la mente, allí donde uno se ve como una buena o mala persona. La violencia se traduce allí en la destrucción de la propia imagen, una destrucción que puede ser interior o social.

2) La violencia de las desigualdades, ya que las religiones monoteístas han acotado muy bien su propio territorio para “los elegidos”, de forma que condenan a la exclusión a todos los demás.

En definitiva, se trata de que la violencia deje de ser un rasgo inseparable del pensamiento religioso, ya que ese odio nos hace inhumanos. Tal y como dejó escrito el filósofo rumano Emil Cioran a mediados del siglo XX, el fanático tanto si mata por una idea o es asesinado por una, no es ni tirano ni mártir: es sólo un monstruo.

 

Por Nieves Bayo Gallego (Gran Maestra Adjunta de la Gran Logia Simbólica Española)

Publicado en el Informe Ferrer i Guàrdia: Anuario de la Laicidad en España 2011.
Barcelona: Fundación Ferrer i Guàrdia, 2011.

Published in Articles

La recent aprovació del projecte de llei per prohibir el vel integral en els espais públics –bàsicament la burca i el niqqab-, per part del Consell de Ministres del Govern francès, ha obert un intens debat al voltant de la constitucionalitat o no de l’esmentada prohibició.

En aquest context i amb un increment notable del nombre de confessions com a conseqüència de la recent immigració, el Govern espanyol es planteja una nova llei sobre llibertat religiosa –l’actual és de 1980- que ha provocat un debat similar al conjunt de l’Estat espanyol i, especialment, a Catalunya.

Published in Articles